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Historia
VASA ( o WASA)
Buque insignia de la flota de guerra sueca
1628
Por Michel Thomé
Verano
1628.
Desde hacía
3 años, carpinteros, vidrieros, escultores, pintores y otros veleros, trabajaban
sin descanso en la construcción de un nuevo buque de guerra de la Marina Real.
Se llamaba “buque real”, denominación en curso en el siglo XVII para designar al
mayor de los buques de guerra del Rey. Fueron necesarios gran cantidad de robles
para su realización. Armado con 64 cañones, sus mástiles tenían una altura
superior a 50 metros y la decoración contaba con varios cientos de esculturas.
El astillero se encontraba en Skeppsgärden, situado en la isla de Blasieholmen,
en el corazón del puerto de Estocolmo. El Vasa se amarró a los pies del castillo
real en donde se cargó el lastre, así como el armamento necesario para su viaje
inaugural. Este buque que había suscitado el entusiasmo de la población
intimidaba a los enemigos de Suecia. En efecto, se encontró una carta redactada
por el embajador de Dinamarca en Suecia: describía los cañones embarcados: 48
cañones de 24 libras, 8 cañones de 3, dos cañones de 1 y 6 morteros. El domingo
10 de agosto, estaba todo listo para el viaje inaugural; el tiempo era magnífico
y el viento ligero. A bordo se encontraba una tripulación de unas 100 personas,
pero también mujeres y niños (se había dado permiso a los marinos para que
subiesen a su familia hasta la salida del archipiélago). Debía ser una ceremonia
con fasto y pompa; la población estaba allí, entusiasmada. El viento soplaba del
suroeste. Durante los primeros metros, el Vasa tuvo que ser sirgado contra el
viento utilizando las anclas. La orden de partida por fin llegó: “Izar las velas
de trinquete, la gavia de trinquete, la vela mayor y el palo de mesana”. Los
marineros saludaron con una andanada de cañones y el majestuoso navío se apartó
lentamente. La continuación del relato es narrada por el Consejo del Reino en
una carta al Rey, en viaje por Prusia en aquel momento, carta que le llegó dos
semanas después del desastre: "Cuando el buque salió del refugio de Tegelviken,
un fuerte viento hinchó las velas y empezó a dar directamente de banda “bajo el
viento”. Se enderezó por sí
mismo,
lenta y suavemente hasta que se acercó a Beckholmen, en que volvió a escorar de
forma cada vez más acentuada. El agua empezó a entrar por las portas de la
batería inferior, que se habían dejado abiertas para la ocasión. Golpeado una
vez más por el viento, el Vasa zozobró y se hundió tras un viaje de unos 1.300
metros. "El rey Gustavo II ordenó al Consejo Real que reuniese un Tribunal
Supremo para encontrar al o a los culpables. El capitán Hansson declara que el
navío era demasiado inestable a pesar de que el lastre estuviese bien colocado y
los cañones asegurados (de hecho fueron encontrados así). No se cometió ningún
error a bordo y la tripulación no había bebido. La culpa debe dirigirse hacia la
propia concepción del navío: calado demasiado débil con respecto a la formidable
altura del casco (más alto de lo que se hacía normalmente, sobre todo en lo que
se refiere al castillo de popa), arboladura demasiado alta y artillería
demasiado pesada y colocada demasiado alta. El centro de gravedad del buque
estaba colocado también demasiado alto. La estabilidad del Wasa se había probado
como se solía hacer en aquella época, por 30 hombres corriendo de una borda a
otra con el buque amarrado al muelle. Tras solamente 3 pruebas, éstas se
interrumpieron, ya que el buque amenazaba ya con zozobrar. El comentario del
almirante Fleming fue: “Si su Majestad hubiese estado presente...”. Entonces
¿quién es el responsable? preguntaron los jueces. La respuesta fue: “Sólo Dios
lo sabe”. Los primeros trabajos de salvaguardia empezaron en 1664 en que se
recuperaron 50 cañones. Actualmente En 1961, el Wasa fue sacado a flote. 333
años después del naufragio se subió y se trató durante varios años con líquidos
de conservación. Por último, el museo se construyó alrededor del buque y hoy es
el museo más visitado de Suecia.
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