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Como
todo el mundo sabe existía en Londres un lugar de culto para cualquier
aficionado a los grandes veleros y a los barcos en general, nos referimos al
“Cutty Shark”; y decimos existía porque, como también sabéis, sus restos
descansan ahora bajo una inmensa carpa donde se lleva a cabo el proceso de
restauración o, mas propiamente dicho, de reconstrucción, ya que poco fue lo
que se salvo de la quema.
Lo que muchos ignorábamos es que cruzando el Támesis y apenas
a dos estaciones de metro del “Cuty Shark” y del museo naval de Grenwich,
hay otro lugar que perfectamente podría convertirse en la meca de los
amantes de los barcos a vapor: el West Indian Quay.
Amarrados en los doscientos metros de sus muelles y entre
otros con menos historia podemos encontrar hasta cuatro barcos a vapor: dos
preciosos remolcadores, un pequeño auxiliar portuario y el que me llevo
hasta allí, un pequeño carguero: el “SS Robin”.
Tuve
conocimiento de este barco muy recientemente a través de la exposición
“Modelos Navales con Historia” de la que en su día dimos cuenta
en estas páginas y, como no lo podría hacer yo mejor, dejaremos que sea
el constructor del modelo y redactor de la guia de la exposición, Pedro
Blanco Álvarez, el que nos cuente la historia de este barco:
El Canary Wharf Tower es
el edificio más alto de Londres, se trata de una torre de cemento y cristal
de 266 metros de altura coronado por
auna
piramide
dorada. Está ubicado en los Docklands, un meandro que forma el Támesis y
que, hasta hace poco, era el puerto donde atracaban en su viaje de retorno
los barcos que hacían la travesía a la India. A los pies del alto edificio,
en el muelle West India Quay, se encuentra atracada una reliquia de la
navegación a vapor. Se trata de un pequeño costero de nombre "Robin", con
117 años de edad en sus cuadernas.
Ese
mismo barco es, para nosotros, el "María". En Santander conocido como "María
Tres Palos", un vapor que durante 71 años navegó con pabellón español y, de
los cuales, 52 de ellos para la naviera santanderina Perez y Cía.
Su casco se botó a las
aguas del Támesis el 16 de septiembre de1890 desde las gradas del astillero
R. Thompson en Wallblack, después es remolcado hasta Dundee donde entre los
días 20 de octubre y 11 de noviembre la casa Gourlay Bross le instala la
máquina y caldera.
Pequeño,
coqueto y bonito; con tan
solo 43,50 metros de eslora; 6,98 de manga y 3.58-s
de puntal. Su máquina alternativa de triple expansión, con 152 caballos de
potencia le daba para alcanzar una velocidad de 9 nudos quemando 5 toneladas
de carbón por singladura. Era un clásico carbonero inglés de dos bodegas,
con un minúsculo puente descubierto al centro, máquina
a popa y un singular coronamiento de concha en la toldilla, así como su
peculiar arboladura de tres mástiles. Siempre fue un barco de perfil bien
parecido, preciosa estampa y peculiar silueta.
Había niebla en el Canal;
tormenta en Dover y en el estuario del Tamesis nubes grises de lluvia que
oscurecían la luz del día. Era el 20 de diciembre de
1890 cuando, con el
mismo nombre que ahora luce: "'Robin" (Petirrojo) con 12 hombres de
tripulación, inició su primer viaje que le llevaría hasta Bayona rindiendo
el tornaviaje en Swanser.
Fue
su primer armador Arthur Ponsonby, que lo sería por poco tiempo, solo hasta
el 7 de diciembre de 1892, fecha en que pasa a ser su nuevo propietario
Alexander Forester Blackater, de Glasgow, quien le realiza la primera
modificación instalando una timonera cerrada para protegerse
del puente
descubierto.
Hasta 1900 navegó con
pabellón inglés, el 13 de mayo de ese mismo año fue adquirido por los Hnos.
Blanco de la localidad de Llanes, quienes lo matriculan en Bilbao y cambian
el nombre por el de "María".
Comienzan así sus
navegaciones por el Cantábrico, principalmente en el trasporte de carbón
operando entre Bilbao y Gijón. En 1913 pasa con el mismo nombre y matrícula
a propiedad de la empresa armadora Pérez y Cía., que instala su contraseña
en la chimenea. En la primera gran guerra realiza, escoltado por barcos
franceses, un transporte de piezas de fundición desde Bilbao a Bayona y
Burdeos.

El calificativo de
carbonero para un barco significa fletes bajos y cubiertas sucias.
Desempeñando esta función, siempre tiznado de hulla, el "María" repartía su
carga desde los puertos asturianos de Gijón y Avilés a Bilbao, Santander,
Vigo, Corcubión y Noya.
La Guerra Civil la pasa
inactivo atracado en el puerto de Avilés.
En 1966 en La Coruña se le
hacen numerosos trabajos de modernización, entre ellos el cambio de consumo
pasando de quemar carbón a fuel oil.
Al año siguiente Pérez y
Cía. le vende al armador bilbaíno
D. Eduardo de la Sota Poveda para quien todavía siguió navegando durante
algunos años más, si bien, ya no conservaba su palo de mesana
ni la concha en la
toldilla.
En junio de 1974, sus
armadores planteaban venderle para desguace. Enterados la Sociedad Maritime
Trust Corporación Ltd., una organización sin ánimo de lucro con la finalidad
de restaurar, conservar, exhibir y mantener buques británicos, le compra a
peso de chatarra y, al día siguiente de concluir su descarga en los muelles
de Bilbao, zarpa para Inglaterra restaurándole en el astillero de
reparaciones de Doust, salvándolo así de la muerte segura del soplete.

El sábado 15 de junio de
1979, desde Devon, navegando a una velocidad constante de 7.3 nudos,
nuevamente con el nombre de "Robin", entró por sus propios medios en St.
Katharines Dock, una pequeña dársena del Támesis cerca del popular Puente de
la Torre, donde estuvo atracado mucho tiempo como barco museo y prototipo de
buque costero perteneciente a la época de la navegación a vapor.
    
Lector que ahora se
encuentra leyendo la historia de este buque, aproveche un viaje a Londres,
no para visitar la
City, tampoco para ir de "compras”, ni siquiera para admirar el famoso Big-Ben...
vaya única y exclusivamente a los Docklands, no mire la impresionante altura
del Canary Wharf, dirija su vista al pie del edificio y contemple la más
bella joya del vapor: el "Robin".

Para los
que como yo queden “infectados” por el gusanillo que produce la lectura de
este artículo, decir que la sociedad que actualmente se encarga del
mantenimiento del SS Robin y cuyo enlace tenéis
pinchando aquí, organiza visitas a este barco donde se os descubrirán
todos sus secretos, desde la sala de máquinas (que no os podéis perder) a
las cámaras de patrón y tripulación, en fin todo, aunque muchas de estas
dependencias en pleno proceso de restauración. El único inconveniente es que
estas visitas se organizan un único domingo al mes, así pues consultar y
reservar la visita con antelación en
su web.
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