Carta al Editor
Me dirijo a Usted para dar a conocer una
arista de la afición, espero que se tome como colaboración, aún
cuando no aporte algo especifico referente a una maqueta, técnica u
otro tema, tan solo quiero expresar que esta afición puede llevarse a
cabo más o menos satisfactoriamente, cuando no se cuenta con nada de
nada....
Imagine Usted que puede ver vía revistas,
catálogos o Internet que existen maravillas en Kit's, en
electrónica, sistemas de propulsión, baterías, control electrónico
de velocidad, accesorios, etc y etc.
Y todo ello lejos de Usted, tan lejos como
puede ser imposible de alcanzar.
En mi país, México existe muy poca afición
por el modelismo naval, mucho menos por las maquetas navegables, de
tal suerte que en las pocas tiendas de modelismo no tienen a la venta
nada de nada (insisto).
De cualquier manera, con el paso del tiempo
se puede hacer uno de algún kit, en mi caso lo he conseguido de las
siguientes maneras: esperar uno o dos años que algún familiar vaya
al extranjero y tenga la suficiente paciencia para comprarlo, esperar
uno o dos años para viajar al extranjero y eludir el divorcio, para
buscar las tiendas y perderse en ellas.
En mi caso, en la "Luna de Miel",
cuatro días y tres noches en las Vegas ocupé dos días en buscar
tiendas, este matrimonio ha sobrevivido y dudo que pase algo en el
futuro si ha resistido tal prueba inicial.
También se puede pedir por catalogo en las
tiendas, esperar tres o cuatro meses y pagar un 200% adicional al
precio, o en última instancia pedirlo por correo, pagar más o menos
un sobreprecio de 150% y rogar a San Neptuno que llegue, que no lo
rompan o se pierda para nunca jamás.
La última ocasión en que hice pedido por
correo, tuvieron a bien doblar la caja, como era un kit de madera, se
rompió todo por la mitad, lo menciono por iniciar una humilde
aportación filosófica a la Revista, en lugar de rabiar por la
desventura de este kit, asumí que a final de cuentas se trata de
poner piezas juntas, luego entonces la enseñanza práctica es nunca
enojarse por una desgracia naval, también el arreglarlas es
entretenido.
Otra aportación filosófica es la
recomendación de nunca casarse con una damita que no admire la
afición y no pueda distinguir de estribor y proa, yo tengo la fortuna
de contar con una excelente "tercera mano" en el taller, que
no le teme al papel de lija o a quemarse con soldadura.
Señor Editor, imagine que entre hijas,
futuros yernos, alguno que otro divorcio, el ejercicio de la Medicina,
un salario de país en crisis económica perpetua consigue en un
precio demencial un kit de un bote Crist Chraft, lo ensambla
cuidadosamente, se encuentra un motor en mercado de segunda de
electrónica, se aplican siete capas de barniz, se compra un control
de radio en otro sobreprecio, se le roba la batería a un
electrocardiógrafo móvil, se consigue el cargador y ya todo listo,
el sábado por la mañana, a punto de ir al lago, se da cuenta que no
se tiene la unión universal, no existe conexión alguna entre la
flecha y el motor.
En otros lugares, se puede ir a la tienda y
comprar, 2,3,4 juegos y olvidarse del asunto, se puede esperar por
correo, o se puede uno tornarse en un furioso caníbal naval, para
acometer a la otra lancha, pero en mi caso, estas son piezas únicas,
irremplazables, si se pierde una propela, una flecha, se perdió todo,
de tal manera que aseguro todo con Cianocrilato y soldadura, imposible
robármelas para otro bote...
Así que se espera uno o dos años para
comprarlas en el extranjero, en Diciembre pasado estuve en New York,
en esta gran ciudad, punto de encuentro de todas las mercancías del
mundo, no los hubo en ninguna tienda, podían pedirlas por correo y
tenerlas en dos semanas, pero por las fiestas no aseguraban nada, pero
si insistían en venderme un variador electrónico de velocidad de 160
dólares, cuando yo buscaba una pieza de tan solo 3 dólares.
Otra opción es fabricar esta unión, se
puede acudir al torno, en este puerto existen muchos talleres de
metal-mecánica, a uno de estos llegue con un excelente dibujo
técnico, me aceptaron el encargo, pensando que se trataba de un bote
"De verdad" y me despidieron con cierta simpatía e
ingeniosos refranes porteños acerca del tamaño del bote...
Ahora me encuentro en la fase de idear un
torno mediante un taladro casero, en búsqueda infatigable del trocito
de latón y de las brocas necesarias, el artefacto que me permita
hacerle cuerda, robándome tornillitos del instrumental quirúrgico
(de mi propiedad) e ideando el diseño de una bocina y flecha
integrados al motor, porque no, la imaginación pone él limite.
En conclusión, nuestra afición tiene tantas
y tantas facetas de entretenimiento, plantea problemas que hacen
trabajar la inventiva y se ocupa el tiempo de manera más sana y
productiva que muchos otros. La clave es tenerle cariño, a su
servidor en particular; me ha proporcionado el honesto goce de ver las
pequeñas cosas funcionando, fabricadas de la nada...
Quedo a sus respetables ordenes. Dr. Antonio
Arvide Limón Maestro en Ciencias de Salud Ambiental
Ciudad y Puerto de Veracruz /México 3 de marzo de
2000
Ad. Si resultara de interés para difundirse
en la revista, pudiera aportar algunos conceptos básicos de
Toxicología, daños a la Salud en referencia a los materiales que
usamos, o bien un pequeño manual de Primeros Auxilios en el taller
del modelista Naval.